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  • Writer: Orlando Gomez
    Orlando Gomez
  • 1 hour ago
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En nuestro país existe la tendencia normativa de imponer prohibiciones con una ligereza que debería llamarnos a preocupación. En la inmensa mayoría de los casos, las actividades que se buscan prohibir involucran derechos fundamentales que no pueden ser prohibidos por normativa y que, en la mayoría de los casos, los factores negativos que justifican la prohibición pueden ser subsanados con la exigencia de más transparencia. 


Un ejemplo perfecto de esto es el reglamento para registro de firmas encuestadoras emitido por la Junta Central Electoral, donde de último minuto se incluyó una prohibición de encuestas para fines electorales fuera de los plazos de precampaña y campaña. Esta disposición es, sin necesidad de profundizar mucho en su evaluación, inconstitucional por chocar directamente con el derecho fundamental a la libertad de expresión y por no cumplir con test de razonabilidad alguno para su existencia.


En República Dominicana tenemos la (cuestionable) percepción de que las encuestas inciden en la intención de voto, y esto explica las formas de dudosa constitucionalidad en la que se tratan de normar, y el alboroto político que deriva de sus publicaciones. No voy a combatir contra la percepción de poder electoral de las encuestas porque esa es una conversación que no va a rendir muchos frutos, lo que sí voy a insistir es en tener mucho cuidado en como se regulan.


La preocupación real es que se utilicen las encuestas como un arma política y que cada partido se fabrique una a la medida para influenciar en el electorado. La mejor y más efectiva arma contra eso no va a ser la prohibición, sino la transparencia. 


Las encuestas de medición de intención de votos y favorabilidad de partidos y políticos deben ser transparentadas. Las encuestas deben venir identificando a la entidad que las realizó y con su ficha técnica (algo que prevé el reglamento), pero también los medios primarios que la publican deben facilitar el acceso a la data cruda de estas, se debe divulgar el solicitante, entidad o persona que pagó su realización y cualquier potencial conflicto de interés de que tenga la firma encuestadora respecto del solicitante o las mediciones (algo que no prevé el reglamento). Esto lograría muchísimo más de lo que jamás podrá alcanzarse con prohibiciones. 


Similar a esto hemos tenido propuestas de prohibir ciertas actividades y expresiones en redes sociales, en espacios públicos, en medios tradicionales, etc. que por igual pueden ser mucho mejor abordados si se exige más transparencia. La exigencia de transparencia difícilmente tenderá a chocar con derechos fundamentales y es más apropiado para la defensa de intereses públicos legítimos. 


Es por ello que recomiendo a los hacedores de políticas públicas y reguladores a autoimponerse un test de razonabilidad donde antes de fijar en nuestras leyes y normas una prohibición que primero hagan el ejercicio de evaluar si la preocupación que deseamos cubrir con esa prohibición puede ser mejor atendida con más transparencia. Les aseguro que la respuesta será positiva en la mayoría de los casos.


 
 
 
  • Writer: Orlando Gomez
    Orlando Gomez
  • 1 hour ago
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El Niño es un evento climático natural que deriva de un calentamiento anómalo de las aguas ecuatoriales superficiales del Océano Pacífico. En República Dominicana este evento suele venir acompañado de condiciones meteorológicas extremas como altas temperaturas, sequías y, en algunos casos, lluvias torrenciales repentinas. Para este año se está pronosticando que el fenómeno de El Niño será especialmente severo, y es algo para lo que nuestro país debe estar preparado. 


Es posible que este sea tan severo en el 2026 y 2027 que ya varios meteorólogos y medios lo están llamando un “Super El Niño”. Esto debe servir como un llamado de atención para el Estado dominicano y todo el país para prepararnos para al menos un año de condiciones climáticas extremas que van a impactar la productividad agrícola y van a agregar estrés sobre toda nuestra infraestructura. 


No hay razón alguna para sentarnos a esperar, cuando podemos prepararnos para mitigar el impacto de un fenómeno de esta naturaleza. El Estado puede desde ya declarar un Estado de Emergencia que le permita actuar con mayor holgura para mitigar los efectos del fenómeno y establecer un equipo permanente de seguimiento y comunicación sobre los efectos del evento mientras este persista. 


Al igual que durante la pandemia del COVID-19, donde diariamente se reportaban los casos y defunciones, este puede emitir boletines semanales con las temperaturas, los niveles de agua en las presas, humedad del suelo, pronósticos de lluvia, riesgos agrícolas y puntos de riesgo de incendios forestales. La información es la herramienta más importante a nuestra disposición, y que esta sea conocida por el sector público y privado va a tender a facilitar el plan de acción en todo el país. 


Adicionalmente se debe retomar y actualizar el Plan de Sequía para el Sector Agropecuario que el Estado preparó para el período 2022-2024, y que demostró ser bastante completo. Debemos volver a un uso estratégico del agua dentro del sector agropecuario donde se priorice el mayor rendimiento económico por cada cubo métrico de agua utilizado para que nuestro sector agrícola haga los ajustes necesarios acorde a ello, sin perder de vista el desperdicio del agua el cual ha sido un problema constante en nuestra agricultura.


El Estado también debe establecer un fondo temporal que sirva para atender los efectos que deriven del fenómeno El Niño y cualquier daño que resulte del mismo. Los efectos de este evento climático se miden por sus costos en numerario, en el 2024 se perdieron decenas de millones de pesos por la falta de productividad agrícola durante las sequías y daños a la infraestructura durante las lluvias repentinas.


El Niño es un fenómeno recurrente para el cual podemos prepararnos, el que se espera para este 2026 y el 2027 es posible que sea una de sus versiones más extremas desde que empezamos a llevar records, por lo que este en particular merece especial atención y una acción decisiva por parte del Estado.


 
 
 
  • Writer: Orlando Gomez
    Orlando Gomez
  • May 13
  • 3 min read

El pasado 9 de mayo Vladimir Putin estuvo presente en el desfile militar por el día de la victoria, celebrando la victoria soviética sobre los nazis en la 2da Guerra Mundial. El desfile deslucido junto al mediocre y breve discurso del autócrata sirvieron para resaltar el mal estado de Rusia luego de 4 años de fracasos en su invasión de Ucrania. En la medida que las cosas empeoran para los rusos en el campo de batalla, ya le pregunta no es si sino cuando estaremos viendo la caída de la Federación Rusa.


Finalmente la economía rusa empieza a dar señales de graves problemas derivados de la guerra y las sanciones, la tan anunciada ofensiva de primavera que elevaba las esperanzas de los rusos ha colapsado y por primera vez desde la recuperación de Jérson y Járkiv en 2022, las fuerzas militares de Ucrania parecen tener la iniciativa en la guerra. Para colmo de males, Rusia no ha podido aprovechar el incremento del precio del petróleo porque muchas de sus refinerías y procesadores del preciado líquido están bajo el fuego de los drones ucranianos.


Entre los expertos ya se viene formando el consenso de que ya no va a ser posible para Rusia ganar la guerra, y apenas se puede especular con lo que esto puede implicar para el futuro ruso. 


La historia muestra que la derrota militar en Rusia tiende a venir con graves consecuencias. La derrota rusa durante la 1ra Guerra Mundial trajo consigo la revolución que derrocó al Zar Nicolás II, y su derrota en Afganistán en 1988 aceleró el colapso de la Unión Soviética, por lo que su derrota en Ucrania tiene el potencial de provocar el desmembramiento de la Federación Rusa en una forma no tan distinta a la ocurrida en la antigua Yugoslavia. 


Cuando Rusia caiga el mundo podrá celebrar en unísono el posible fin de una de las naciones de toque imperialista más tóxicas que ha envenenado nuestro planeta. Por más de un siglo el aporte más significativo de esa nociva nación al mundo ha sido la corrupción, delincuencia, asesinatos, crímenes contra la humanidad, guerra, hambre, manipulación, división y destrucción. Su desaparición de la comunidad de naciones será un enorme alivio para toda la humanidad. 


Pero lo que más espero con ansias va a ser el silencio. Cuando el dinero utilizado por Rusia para pagar sus campañas de influencia en todo el mundo cese, ese silencio no va a tener precio. Por más de una década Rusia ha contaminado todos los espacios de comunicación en Europa, Asia, África y, por supuesto, Latinoamérica, tratando de sembrar discordia y división en todo el mundo para justificar su modelo político. El cierre aún sea temporal de ese vendaval de basura comunicacional traerá consigo un silencio que se sentirá como una bendición para toda la humanidad. 


Que no quepan dudas, la derrota rusa y el potencial fraccionamiento de la Federación Rusa va a traer tiempos difíciles que incluirán caos, violencia y desorden en toda la región, lo que en un país nuclear puede ser muy peligroso, especialmente para todos los que viven allí. El resto del mudo, en cambio, podrá finalmente respirar aliviado de que ya no tendremos que seguir soportando la actitud tóxica que ha caracterizado a la nación rusa por más de un siglo, no serán extrañados.


 
 
 

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