- Orlando Gomez

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El Niño es un evento climático natural que deriva de un calentamiento anómalo de las aguas ecuatoriales superficiales del Océano Pacífico. En República Dominicana este evento suele venir acompañado de condiciones meteorológicas extremas como altas temperaturas, sequías y, en algunos casos, lluvias torrenciales repentinas. Para este año se está pronosticando que el fenómeno de El Niño será especialmente severo, y es algo para lo que nuestro país debe estar preparado.
Es posible que este sea tan severo en el 2026 y 2027 que ya varios meteorólogos y medios lo están llamando un “Super El Niño”. Esto debe servir como un llamado de atención para el Estado dominicano y todo el país para prepararnos para al menos un año de condiciones climáticas extremas que van a impactar la productividad agrícola y van a agregar estrés sobre toda nuestra infraestructura.
No hay razón alguna para sentarnos a esperar, cuando podemos prepararnos para mitigar el impacto de un fenómeno de esta naturaleza. El Estado puede desde ya declarar un Estado de Emergencia que le permita actuar con mayor holgura para mitigar los efectos del fenómeno y establecer un equipo permanente de seguimiento y comunicación sobre los efectos del evento mientras este persista.
Al igual que durante la pandemia del COVID-19, donde diariamente se reportaban los casos y defunciones, este puede emitir boletines semanales con las temperaturas, los niveles de agua en las presas, humedad del suelo, pronósticos de lluvia, riesgos agrícolas y puntos de riesgo de incendios forestales. La información es la herramienta más importante a nuestra disposición, y que esta sea conocida por el sector público y privado va a tender a facilitar el plan de acción en todo el país.
Adicionalmente se debe retomar y actualizar el Plan de Sequía para el Sector Agropecuario que el Estado preparó para el período 2022-2024, y que demostró ser bastante completo. Debemos volver a un uso estratégico del agua dentro del sector agropecuario donde se priorice el mayor rendimiento económico por cada cubo métrico de agua utilizado para que nuestro sector agrícola haga los ajustes necesarios acorde a ello, sin perder de vista el desperdicio del agua el cual ha sido un problema constante en nuestra agricultura.
El Estado también debe establecer un fondo temporal que sirva para atender los efectos que deriven del fenómeno El Niño y cualquier daño que resulte del mismo. Los efectos de este evento climático se miden por sus costos en numerario, en el 2024 se perdieron decenas de millones de pesos por la falta de productividad agrícola durante las sequías y daños a la infraestructura durante las lluvias repentinas.
El Niño es un fenómeno recurrente para el cual podemos prepararnos, el que se espera para este 2026 y el 2027 es posible que sea una de sus versiones más extremas desde que empezamos a llevar records, por lo que este en particular merece especial atención y una acción decisiva por parte del Estado.



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