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  • Writer: Orlando Gomez
    Orlando Gomez
  • Jul 23, 2023
  • 2 min read

Si algo resulta evidente, habiendo vivido los eventos de los últimos diez años, es que el mundo en el que creció mi generación va a ser sensiblemente diferente al mundo en el que van a crecer mis hijos. En esta ocasión propongo introducir la enseñanza de programación como parte elemental del currículo en las escuelas empezando en conjunto con leer, escribir y las primeras enseñanzas de matemáticas.


La programación estimula el pensamiento crítico y el desarrollo de habilidades para la solución de problemas. Los ejercicios que se deben realizar en el aprendizaje de la programación complementan muy bien lo que se busca enseñar en las clases ordinarias de matemáticas en el colegio, estos brindan la oportunidad a los niños y adolescentes de conocer una utilidad práctica de las matemáticas y su uso en la vida real.


Más aún, programar es un ejercicio constante de creatividad, permitiéndole a niños y adolescentes crear sus propios programas, sitios web, aplicaciones y juegos en distintas plataformas y lenguajes de programación. Esto complementa el aspecto del aprendizaje a través de juegos (el “playfull learning”) y puede servir para estimular a los estudiantes a aprender nuevas habilidades de manera divertida.


Los niños y adolescentes de esta era están creciendo con dispositivos móviles y computadoras como su fuente de entretenimiento, aprendizaje e interacción social. Podemos tener reservas de como esto puede impactarlos en su desarrollo, pero no deja de ser una realidad de que ese es el mundo que conocen y en el cual continuarán creciendo y desarrollándose. Aprender a programar les permite entender precisamente ese mundo en el que vienen interactuando, así como a entender sus fortalezas y debilidades, y les dará las herramientas para navegarlo de manera segura.


No me hago ilusiones de que aprender a programar hará de nuestros niños y adolescentes más empleables en el futuro, de hecho es muy probable que los lenguajes de programación que estos aprendan en las escuelas estarán obsoletos para el momento en que estos lleguen a una edad de trabajo. Pero no me cabe la menor duda de que todo aquello que obtengan del aprendizaje de programación en las escuelas les convertirá en profesionales más adaptables a los cambios radicales y habituales de esta era de transformación tecnológica avanzada.


Aprender a programar debe ser visto como una herramienta más en el arsenal de nuestros estudiantes como ya hoy vemos el aprendizaje bilingüe, y debemos tomarnos las oportunidades que brinda introducir esto de manera estándar en nuestras escuelas con la seriedad con la que hoy evaluamos el aprendizaje de las matemáticas, la lengua española y cualquier otra materia básica que hoy enseñamos en nuestras escuelas. Entiendo que esto no se limitará a brindar frutos a favor de nuestros hijos en su futuro, sino que pudiera marcar un cambio dramático para el bienestar y desarrollo de nuestro país en su futuro.



 
 
 
  • Writer: Orlando Gomez
    Orlando Gomez
  • Jul 11, 2023
  • 2 min read

La sociedad civil en la República Dominicana ha demostrado ser una pata institucional importante en la mesa del desarrollo de nuestra democracia y sus avances. Como interlocutores de los múltiples stakeholders en nuestra sociedad frente a los Poderes del Estado, sus aportes al debate público han demostrado ser invaluables para los avances que hemos alcanzado. Para potenciar su valor, en esta ocasión propongo a los distintos actores de la sociedad civil en nuestro país a elaborar reportes periódicos de las actividades bajo su rango de acción que sirvan para documentar, visibilizar y dar seguimiento a esos puntos para los creadores de políticas públicas y al público en general.


La sociedad civil en la República Dominicana está compuesta por asociaciones profesionales y empresariales, think tanks, representantes de sectores laborales, medioambientales, etc. en muchos casos con altos grados de especialización por sectores económicos y sociales. Siendo nuestro país una sociedad con una crónica falta de data sobre sus actividades económicas y sociales, son precisamente estos grupos y representantes los que se encuentran mejor posicionados para generar y reportar periódicamente esa data.


Asociaciones como CONEP y ANJE pudieran tener la capacidad de hacer reportes trimestrales de la actividad económica nacional utilizando data que les suministren sus asociados, de manera anonimizada si fuera necesario. Esto puede incluir data sobre productividad, consumo, mercado laboral, capitalización, liquidez, acceso al crédito, así como de cualquier otra métrica que estos puedan obtener y medir de sus asociados.


Por su lado, entes como el Colegio Médico Dominicano, la Asociación de Profesores Dominicanos, el Colegio de Abogados, etc. pueden reportar datos sobre accesibilidad, como abogados/doctores/profesores por personas/estudiantes por región o provincia, acceso de sus profesionales a la seguridad social, ingresos promedios de esos profesionales, entre otros datos relativos a sus miembros. Por igual, estos pueden generar y reportar data de sus sectores, en el caso de los abogados estos pueden medir y reportar los tiempos de respuesta del Poder Judicial, en el caso de los doctores estos pueden reportar la demanda de servicios y las variaciones de costos, entre otros muchos datos que enriquecerán el proceso de toma de decisiones.


Este tipo de ejercicio puede ser replicado en todas las entidades que componen nuestra sociedad civil, enfocado en generar información medible y relevante no sólo para ilustrar las necesidades de sus stakeholders, sino para comunicar la situación general de los temas o grupos que representan.


El país necesita mucha data de absolutamente todo lo que realiza dentro de nuestro territorio, para poder educar el proceso de toma de decisiones en formación de políticas públicas y privadas. Por mucho tiempo hemos exigido solo del Estado para que asuma la responsabilidad de generar estas informaciones, pero es tiempo de que el sector privado empiece a tomar este tipo de iniciativas, no como una acción altruista para beneficio del país, sino como un método de mejor ilustrar y defender los intereses de sus representados.


 
 
 

La reciente intervención de la Cooperativa de Ahorros y Créditos Herrera (CoopHerrera) por parte del IDECOOP “por detectarse irregularidades en temas de gestión administrativa, financiera y de gobernabilidad”, debe volver a poner sobre la mesa la necesidad de elevar los estándares de liquidez y solvencia, así como fortalecer el régimen de regulación y supervisión de las cooperativas.


En la República Dominicana hay más de 1,100 cooperativas activas haciendo actividades de intermediación financiera creadas y operando bajo una ley especial para ellas y están expresamente excluidas de la Ley Monetaria y Financiera que es la ley más importante que regula la actividad de intermediación financiera en nuestro país. Curiosamente bajo la Ley Monetaria y Financiera solo operan 49 entidades de intermediación financiera al momento de escribirse este artículo.


Hasta cierto punto es entendible que las cooperativas tengan su régimen de regulación especializada ya que estas buscan llenar un espacio y tienen un rol distinto al que habitualmente persiguen las entidades de intermediación financiera más tradicionales, sin embargo, la ejecución del mismo no debe eximir a las cooperativas de cumplir estándares operacionales, de administración de riesgos, gobierno corporativo y de naturaleza prudencial que brinden cierto nivel de protección para aquellos que coloquen su dinero en las mismas.


Mi propuesta es que las cooperativas pasen a quedar bajo el alcance regulatorio y de supervisión de la Junta Monetaria y que esta empiece a definir los estándares prudenciales, de administración de riesgos, manejo operativo y los estándares de solvencia y liquidez aplicables a las cooperativas. El IDECOOP no tiene por que ceder su rol de supervisión, pudiendo continuar el mismo con el soporte de la Junta Monetaria, esta última manteniendo su rol como garante de la estabilidad del sistema financiero.


Esta transformación regulatoria tendría un costo significativo para las cooperativas que hasta el momento están acostumbradas a operar con mucha flexibilidad regulatoria, pero esto vendría a cambio de poder optar por los mecanismos de estabilización del mercado financiero como el seguro de depósitos, acceso a las ventanillas de liquidez, entre otros, que tenderían a atraer y dar mayor tranquilidad a sus socios.


Más importante aún, entrar a las cooperativas dentro de la sombrilla de la Junta Monetaria, y en particular de la Ley Monetaria y Financiera, extendería a favor de sus clientes las protecciones previstas por la normativa vigente a favor de los usuarios de los servicios financieros, y de esta forma se podrían mitigar los malestares habituales que manifiestan los ciudadanos cuando sus cooperativas empiezan a dar señales de problemas.


No espero que pasar a las cooperativas bajo la supervisión de la Junta Monetaria y hasta cierta medida a la Ley Monetaria y Financiera sirva de algún tipo de panacea que evite los problemas que con cierta frecuencia surgen en el sector cooperativista. Sin embargo, entiendo que con el tiempo esto tenderá a brindar mayor estabilidad y seguridad en el largo plazo, en beneficio no solo de los clientes de las cooperativas, sino para todo ese sector.


 
 
 

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