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La figura del fideicomiso, finalmente, ha venido cobrando fuerza en la práctica por su flexibilidad y adaptabilidad en el desarrollo de proyectos, en particular para la construcción, mantenimiento y administración de obras de infraestructura, sin embargo, el potencial de los fideicomisos aún no ha sido reconocido en múltiples otras áreas. A modo de ilustrar ese potencial en esta ocasión aprovecho para proponer el uso de los fideicomisos en la administración y gestión de partidos políticos. 


Quizás el elemento más importante a tener en cuenta es que, en el contexto del uso de fideicomisos para actividades de naturaleza política, los fideicomisos existen fuera del contexto de la Ley de Partidos y la Ley Electoral, y solo serviría como vehículo para la administración del patrimonio del partido y de sus gastos e ingresos. El fideicomiso no sería, ni tiene porque intentar ser, un sustituto de la figura de los movimientos, agrupaciones o partidos políticos ni debe pretender asumir los roles que naturalmente corresponden a estos.


Lo que sí brinda el fideicomiso a un partido político es organización, transparencia y estabilidad. Para los partidos más pequeños que se juegan su personalidad jurídica cada 4 años, la administración de su patrimonio a través de un fideicomiso les brindaría seguridad sobre el control del mismo y pueden asumir compromisos legales, a través del fideicomiso, que sobrevivirían a cualquier circunstancia derivada de una posible pérdida de la personalidad jurídica. Esto implica capacidad de recibir donaciones y establecer un ahorro de largo plazo asumido por el fideicomiso, lo que va de la mano con que el fideicomiso asuma compromisos por alquileres y deudas de largo plazo, en una forma que estos simplemente no pueden hacerlo hoy en día.


Para los partidos más grandes el uso de los fideicomisos supone un mayor control y disciplina sobre sus finanzas que quedarían centralizadas en el patrimonio fideicomitido. Adicionalmente no solo el fideicomiso puede, con relativa facilidad, dar cumplimiento a los reportes y controles que por ley se les exige a los partidos respecto de sus gastos e ingresos, sino que estos les permitirían elevarlos a estándares bien en exceso a lo exigido con un costo de cumplimiento más razonable que el asumirlo directamente dentro de la estructura administrativa del partido. Este elevado nivel de transparencia pudiera ser foco y modelo de lo que el mismo partido desearía vender al electorado como parte de su carta de presentación.


El fideicomiso como figura es particularmente ideal para su uso en la administración de patrimonios de cualquier naturaleza y es mejor aún en la gestión de flujos de caja, todo lo que es fundamental para el éxito de cualquier campaña política y, más aún, para la supervivencia de un partido político. Entiendo que el uso de la figura estará agregando una ventaja competitiva sustancial a los partidos que lo implementen por encima de aquellos que opten por continuar bajo la administración tradicional de sus finanzas.


 
 
 
  • Writer: Orlando Gomez
    Orlando Gomez
  • Feb 7, 2024
  • 3 min read


La Serie del Caribe de béisbol como la conocemos ahora se ha venido ejecutando desde 1970 con sus altas y bajas, pero cargando para si, la marcada característica de ser inconsistente. Originalmente pensada como una liga de clubes de pelota, en su presentación y mercadeo ha ido variando desde ese enfoque original y una especie de liga de naciones, no mostrando mucho éxito como una o la otra. En esta ocasión propongo a la Confederación de Béisbol Profesional del Caribe que considere tomar prestado de las confederaciones de fútbol y haga una auténtica Liga de Campeones de Béisbol del Caribe.


La idea debe considerar la inclusión de la mayor cantidad de equipos que permita el calendario como parte de su meta. A modo de ejemplo, para el torneo pudieran clasificarse de forma automática los campeones y subcampeones del año anterior de las ligas de México, Puerto Rico, República Dominicana y Venezuela, y los campeones de Colombia, Cuba, Curazao, Nicaragua y Panamá, así como el campeón de la Serie del Caribe (o liga de campeones) del año anterior y 2 wildcards, creando un torneo de 16 equipos. 


Contrario al formato actual donde los campeones de los torneos de invierno del año se encuentran al final de sus respectivas ligas para jugar en la Serie del Caribe en una sede definida, sería más interesante que los equipos clasificados jueguen las primeras etapas del torneo de campeones en el medio de sus temporadas invernales haciendo uso de sus propios estadios y que el partido final se celebre en una sede predeterminada.


Considerando el formato que utilicé de ejemplo, el torneo puede dividirse en 4 grupos debiendo cada equipo jugar un total de 6 partidos, uno en casa y uno como visitante frente a cada rival del grupo. Con esto se pudiera permitir la clasificación de los dos mejores equipos de cada grupo y avanzar a la etapa de eliminación empleando un sistema de ida y vuelta como se hace en torneos similares en otros deportes y culminar con una final de un único partido. En este escenario los dos equipos que lleguen a la final estarían agregando 11 partidos más a su calendario, lo que si bien puede ser un reto, no es tan significativo para este deporte.


Esto haría el torneo claramente de los equipos (no las naciones), pero más importante aún de los fanáticos de los equipos, quienes podrán ir a apoyarlos en sus estadios sin tener que viajar o depender de la televisión para verlos, dejando de ser el torneo por el Campeón del Caribe un evento distante que de vez en cuando pudiera ocurrir en su país y que se destaca por consistentemente mostrarnos partidos con las gradas vacías. 


Adicionalmente esto fomentaría la creación de verdaderas rivalidades transfronterizas entre clubes, lo que sumado a una mayor exposición de estos fuera de su propio territorio, crearía muchas oportunidades mercadológicas que pudieran ser aprovechadas para mejorar la posición económica de las ligas y los equipos. Esto sin considerar lo que implicaría respecto de los derechos de transmisión de los juegos un torneo que se extienda por 61 partidos a lo largo de 2 o 3 meses en más de 5 países, comparado a la Serie actual de 25 partidos en 10 días en una sola sede.


Este modelo ha definido las últimas décadas de la Liga de Campeones de la UEFA y le catapultó a ser el torneo de clubes más prestigioso del planeta de cualquier deporte. La Confederación de Béisbol Profesional del Caribe debería considerar el modelo y apostar en grande para ganar en grande, no solo para su propio beneficio y del deporte, sino por los fanáticos.      


 
 
 
  • Writer: Orlando Gomez
    Orlando Gomez
  • Jan 31, 2024
  • 2 min read


La aprobación de la Ley 1-24 sobre la Dirección Nacional de Inteligencia (DNI) ha movido a alarma, con razón, por múltiples disposiciones en la misma que múltiples abogados constitucionalistas han indicado podrían ser consideradas inconstitucionales. El Estado se ha mostrado abierto a las discusiones sobre esta ley e incluso ha dado señales de promover su reforma para atender las preocupaciones. Particularmente me llaman la atención otros aspectos de dicha ley que no han recibido igual atención en los medios pero serán central en esta propuesta. 


En la República Dominicana hay en la actualidad operando unas 7 agencias de inteligencia, 4 de ellas militares, entre múltiples otras direcciones o entidades que realizan tareas similares o adyacentes a las funciones de inteligencia del Estado. La Ley 1-24 no cambia esa realidad sino que la refuerza creando el Sistema Nacional de Inteligencia y reconociendo todas esas agencias como parte de ese ente.


Estados Unidos aprendió una lección muy importante cuando ocurrieron los atentados del 11 de septiembre del 2001, y fue que la falta de coordinación y centralización de sus diversas agencias de inteligencia debilitó su capacidad de acción y la detección temprana de amenazas. La Ley 1-24 establece al DNI como el órgano coordinador del Sistema Nacional de Inteligencia, pero no le da muchas herramientas, si alguna, para hacer efectivo ese rol. No es de conocimiento público que tanto nuestras agencias de inteligencia coordinan sus actividades, pero por la naturaleza de sus funciones tiendo a inclinarme a dudar que la coordinación es poca. 


No veo nada negativo en la cantidad de agencias de inteligencia que actualmente tenemos en nuestro país, lo que sí entiendo que sería prudente aprovechar la oportunidad de una ley como la 1-24 para definir los roles de cada una de estas evitando que se dupliquen esfuerzos y poder hacer un uso más efectivo de los recursos de cada una de ellas. 


En ese contexto también debería crearse una agencia de inteligencia para el extranjero encargándose de recabar inteligencia de seguridad nacional alrededor del mundo lo que no solo serviría para documentar la toma de decisiones diplomáticas para nuestro servicio de Relaciones Exteriores, sino que podrá darle visibilidad a los tomadores de decisiones de nuestro país sobre riesgos y oportunidades en el exterior para los intereses nacionales.


Es una pena que la Ley 1-24 saliera con muchos de los defectos constitucionales que muchos de sus críticos han levantado, eso dicho, la apertura al diálogo para reformar esa ley es una excelente oportunidad para no solo tener una ley de inteligencia que supere cualquier test de constitucionalidad, sino para reforzar el Sistema Nacional de Inteligencia, definir mejor los roles de cada agencia y crear una agencia dedicada a la inteligencia en el exterior. 


 
 
 

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