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  • Writer: Orlando Gomez
    Orlando Gomez
  • Feb 7
  • 2 min read

Al principio parecía un chiste de mal gusto, pero ya ha evolucionado a un tema serio que amenaza con crear una fisura irremediable en la alianza defensiva más importante en la historia del hemisferio. La disputa por el control territorial de Groenlandia es un síntoma de una enfermedad que empezó y sigue corroyendo el cuerpo europeo en Ucrania, la debilidad europea allí está haciendo metástasis en todas partes y si esto no es atendido de forma decisiva no se va a detener en Groenlandia. 


Groenlandia ha sido un territorio del Reino de Dinamarca desde el Siglo XVII cuando Dinamarca y Noruega eran parte de un mismo reinado. No obstante ser la isla más grande del mundo tiene una población de apenas 56,000 personas debido a las condiciones climáticas extremas que resultan de su ubicación cercana al Polo Norte, quedando una porción significativa de su territorio cubierta por hielo.


Esa ubicación, en cambio, ha sido la clave de su importancia estratégica tanto para Europa como para los Estados Unidos, debido a las rutas aéreas y marítimas polares que facilitan su posición. Desde la década de los 80s, por el efecto del cambio climático, la importancia estratégica de Groenlandia se ha incrementado como resultado de los inviernos menos agresivo y el deshielo del Polo Norte. 


Desde la ocupación ilegal de Crimea por parte de Rusia en 2014, Europa no ha mostrado ningún interés o esfuerzo significativo por defenderse. La agresión descarada es enfrentada con discursos y regaños públicos sin acción alguna que demuestre la seriedad de lo que tantas palabras dicen defender. La tibieza europea en Ucrania ha dado pie a la creencia generalizada de que Europa carece de la capacidad de defender sus intereses, y esto ahora se manifiesta en la situación de Groenlandia. 


El problema para Europa es que esta tiene intereses en las Américas que van desde bien al norte en Groenlandia hasta bien al sur en las Islas Malvinas, y el problema para nosotros en República Dominicana, es que Europa tiene una alta concentración de esos problemas en el Caribe. 


Ahora que vivimos bajo la realidad de que las reglas del Derecho Internacional son meras sugerencias para las potencias militares del mundo, la incapacidad de Europa de poner fin al problema ruso en Ucrania va a debilitar su posición para defender sus intereses en las Américas empezando por Groenlandia y luego propagándose al resto del continente incluyendo a las Antillas Menores, Guyana Francesa y todos de los territorios que aún están bajo tutelaje europeo. 


Se está haciendo muy urgente para occidente y las democracias globales que el viejo continente despierte, lamentablemente no sé cuantas bofetadas debe recibir Europa para finalmente hacerlo. Sea en Ucrania, Groenlandia o en la próxima crisis si Europa no reacciona, el mundo que se forjó sobre los escombros de la Segunda Guerra Mundial se va a seguir esfumando.            


 
 
 
  • Writer: Orlando Gomez
    Orlando Gomez
  • Feb 7
  • 2 min read

“Los tiempos difíciles crean a los hombres fuertes, los hombres fuertes crean los buenos tiempos, los buenos tiempos crean a los hombres débiles, los hombres débiles crean a los tiempos difíciles.” G. Michael Hopf, “Los Que Se Quedan” (2016). Hoy estamos en la era de los hombres débiles.


La “Generación Grandiosa” enfrentó la embestida de la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial para dejarnos como legado el orden internacional que durante 80 años nos dió el período de paz más duradero en la historia escrita de la humanidad que al mismo tiempo nos trajo la era de mayor prosperidad. Los períodos de hambruna generalizada se eliminaron, la pobreza global se redujo al punto más bajo en nuestra historia, las enfermedades que diezmaban generaciones completas se esfumaron y los hitos científicos y tecnológicos más grandes se lograron bajo la sombrilla de su legado, en el que será reconocido sin ninguna duda como el período más próspero de la humanidad.


Pero “los buenos tiempos crean a los hombres débiles”. Los hombres débiles favorecen unanimidades impuestas por el miedo a la construcción de consensos, el reconocimiento de “sus verdades” sobre la verdad objetiva, creen y apuestan a un mundo donde la fuerza hace la razón, y las leyes se hacen y están para todos los demás y nunca para ellos.      


Los débiles de mente tienen egos directamente proporcionales al tamaño de sus inseguridades y necesitan validación constante, prefieren recibir mentiras que les den la razón que a enfrentar las verdades. La realidad objetiva les ofende y esa contradicción la enfrentan con lo único que tienen, la fuerza. Por supuesto, el ejercicio de esa fuerza nunca supone un riesgo personal para el débil, son los otros los que deben cargar con el peso de las consecuencias, porque los débiles no pelean sus batallas sino que mandan a los hijos y nietos de los otros a morir por sus causas.


Y también hay débiles de carácter. Estos pueden ver la realidad que se les viene plantando en la cara y se aferran a las fórmulas tradicionales moldeadas para otros tiempos que atendían a otras realidades, y al final hacen nada. Se les olvida que a los bravucones y abusadores se les hace frente y se les responde en el único lenguaje que conocen y entienden, pero prefieren desdoblarse para acomodarles y dejan que las circunstancias les moldeen antes de ellos moldear las circunstancias. 


Estamos en la era de los hombres débiles y se avecinan tiempos difíciles. En esos tiempos difíciles debemos procurar preservar las lecciones aprendidas de la Generación Grandiosa que fueron pasadas a nosotros, para que ese aprendizaje junto al que derive de los tiempos que vienen resulten en hombres fuertes, mejores que los que hasta ahora hemos tenido, para que nos encaminen hacia los nuevos buenos tiempos. 


 
 
 
  • Writer: Orlando Gomez
    Orlando Gomez
  • Dec 16, 2025
  • 2 min read

Mientras el proceso judicial del caso Senasa acapara la atención mediática, es importante que el Gobierno y el Congreso Nacional pongan sus ojos en el proceso legislativo y normativo que debe ocurrir para evitar que casos como este vuelvan a ocurrir. Debería ser fuente de alarma para el Estado que el caso se destapara por virtud del rumor público y la prensa, y no por los controles internos y externos de la organización.


La Cámara de Cuentas, en la forma que está actualmente diseñada, simplemente no funciona como un ente efectivo de fiscalización. El hecho de que su respuesta al rumor público alrededor del Senasa fuera una auditoría de los años 2017 al 2019 evidencia que de no haberse destapado el escándalo probablemente la Cámara de Cuentas no se hubiera enterado de lo ocurrido hasta el año 2030. Necesitamos una fiscalización continua y dinámica de la actuación del Estado, y la Cámara de Cuentas no tiene el presupuesto ni la estructura para lograr algo de esa magnitud. 


El proceso de reforma de la fiscalización del Estado debería enfocarse en cuatro pilares: la fiscalización preventiva, la agilidad de actuación de los fiscalizadores, eficientización presupuestaria y el control externo de la fiscalización.


Para lograr algo de esa magnitud será necesario crear un sistema de inspectoría general en todas las entidades públicas. Los inspectores generales de cada entidad tendrían una estructura y presupuesto dentro de la entidad que estarían fiscalizando, pero se reportarían, serían supervisados y evaluados por la Cámara de Cuentas, quien a su vez debe ser un órgano adscrito, nombrado y con dependencia funcional al Congreso Nacional. 


Al igual que la Cámara de Cuentes hoy en día, los inspectores generales deben, de manera independiente, contar con el poder de preparar informes, hacer recomendaciones e incluso referir los casos que entiendan apropiados a la acción del Ministerio Público. La Cámara de Cuentas a su vez debe monitorear la acción de los inspectores generales y que las entidades a las que estos se encuentren adscritos no obstaculicen o traten de influenciar el ejercicio de esas funciones. 


Impulsar la independencia de organismos como la Cámara de Cuentas y el Ministerio Público ha sido, y seguirá siendo, de vital importancia para nuestro país si deseamos reducir el impacto de la corrupción en nuestra gobernanza. Pero esa independencia en si misma no es suficiente porque ambos organismos fungen como controles post-hoc y el objetivo del Estado, y el beneficio político del esfuerzo anti-corrupción, no va a estar solamente en castigar los actos de corrupción sino en lograr la forma de prevenirlos.


El caso Senasa con sobradas razones ha indignado a la sociedad y esta esperará pacientemente los resultados del proceso judicial, por su lado el Estado debe ver el caso de Senasa como una oportunidad de ejecutar muchas de las reformas necesarias para evitar que casos como este no vuelvan a ocurrir. Una de estas es la reforma de la fiscalización de la acción del Estado que simplemente no debemos tolerar que continúe en la forma en la que lo ha venido haciendo en toda nuestra historia democrática.      


 
 
 

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